Educación experiencial: aprender con el cuerpo, la emoción y el juego

Niña escalando un árbol con equipo de seguridad durante una actividad de educación experiencial en Arawak Galilea

Más allá del salón de clases

Hoy sabemos que los niños no aprenden solo escuchando.
Aprenden cuando tocan, cuando juegan, cuando se emocionan, cuando se arriesgan, cuando fallan y lo intentan de nuevo.

Eso es educación experiencial.
Y eso es lo que vivimos todos los días en Arawak.

¿Qué es la educación experiencial?

Es una forma de aprender desde la experiencia directa. No hay sillas en fila ni respuestas correctas para memorizar. Hay preguntas, movimiento, retos, juegos, momentos de reflexión y emociones reales.

A través de esta metodología, los niños y adolescentes:

  • Viven lo que aprenden.
  • Conectan mente, cuerpo y corazón.
  • Desarrollan habilidades que no se enseñan en un salón de clase.

¿Y qué habilidades son esas?

  • Confianza en sí mismos.
  • Empatía y trabajo en equipo.
  • Escucha activa y comunicación.
  • Adaptabilidad, liderazgo y toma de decisiones.
  • Capacidad para gestionar sus emociones y reconocer las de los demás.En otras palabras: habilidades para la vida.

El juego como herramienta

En Arawak usamos el juego como lenguaje. Porque el juego no es una pausa del aprendizaje: es el aprendizaje. Jugando los niños:

  • Exploran límites con seguridad.
  • Crean reglas y aprenden a negociar.
  • Se conocen a sí mismos y a los demás.
  • Se divierten… y por eso, aprenden sin darse cuenta.El juego les permite aprender sin miedo al error, desde el disfrute, el cuerpo y la emoción.

Aprender a sentir

Una parte fundamental de la educación experiencial es el espacio emocional. En Arawak cuidamos el ambiente para que cada niño o adolescente se sienta libre de ser, de equivocarse, de mostrarse vulnerable, de decir “tengo miedo” o “esto me emocionó”.

Porque cuando las personas se sienten seguras, aprenden de verdad.

No es teoría, es transformación

Las experiencias que viven en Arawak dejan huella. Porque los aprendizajes no se quedan en un cuaderno: se graban en la memoria del cuerpo, en el corazón y en los vínculos que se crean.

Por eso decimos que Arawak transforma.
Porque después de vivir una experiencia así, ya no se es el mismo.

¿Y si aprendemos diferente?

Hoy más que nunca, los niños y adolescentes necesitan espacios reales para experimentar, compartir, moverse, sentir y aprender desde lo que son.

En Arawak, creemos que eso es posible.
Creemos en el poder de la educación experiencial.
Creemos que todo empieza por creer.

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